¡Felices fiestas!
Escrito por VEGA DEL ESLA CRA, martes 22 de diciembre de 2020 , 19:49 hs



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  • muebles hosteleria el viernes 17 de junio de 2022, 08:30 hs

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  • Fermin Jimenez el jueves 11 de diciembre de 2025, 12:51 hs

    Pelajes de toros bravos: la esencia cromática del toro de lidia

    El pelaje del toro bravo no es simplemente un color. Es una manifestación de genética, historia y carácter de cada encaste. A través de la observación de las capas, podemos adentrarnos en la singularidad de cada ejemplar, en la tradición de la ganadería de toros de lidia y en el vínculo profundo entre el animal y su entorno natural.

    La ubicación de las fincas y la calidad de la dehesa influyen decisivamente en el desarrollo del toro, tanto en su carácter como en la conservación de sus pelajes. La naturaleza circundante, la alimentación y la tranquilidad de los espacios abiertos son factores fundamentales que hoy día no solo determinan la bravura del animal, sino que también atraen a aficionados y turistas interesados en el turismo rural y en experiencias vinculadas al mundo taurino. En este contexto, visitar una ganaderia de toros de lidia permite entender cómo la geografía y el paisaje configuran tanto la genética como el aspecto visual del toro bravo.

    La evolución histórica de los pelajes del toro bravo

    A lo largo de los siglos, los pelajes del toro han cambiado notablemente. Aunque en la actualidad predomina el negro, históricamente los toros colorados, berrendos y sardos eran habituales. Estas transformaciones reflejan la diversidad genética original de las castas fundacionales y la selección realizada por los ganaderos a lo largo de generaciones.

    La identificación de los pelajes es crucial para reconocer la herencia genética de cada toro y para entender cómo los distintos encastes se desarrollan en función del entorno natural, la alimentación y el manejo en campo.

    Los tonos básicos y sus variantes

    Existen tres colores primarios que sirven de base para la inmensa variedad de capas de los toros bravos:

    • Negro
    • Colorado (rojo)
    • Blanco

    De estas bases surgen mezclas, degradados y patrones específicos que permiten reconocer más de 40 tipos de pelajes, lo que a su vez refleja la historia de cada ganadería y su esfuerzo por conservar la diversidad genética. Para conocer en profundidad estas capas, se puede consultar el detalle de los pelajes de toros bravos, donde se explican cada una de sus variantes y su relevancia en el campo.

    Pelo homogéneo: capas uniformes

    Los pelajes homogéneos presentan un solo tono en todo el cuerpo del toro:

    • Albahío: blanco amarillento, luminoso y suave.
    • Colorado: desde rojo claro hasta rojo intenso y profundo.
    • Encendido: rojo brillante que destaca a distancia.
    • Ensabanado: completamente blanco, sin manchas.
    • Jabonero: crema con variaciones de intensidad.
    • Melocotón: rojo claro con matiz leonado.
    • Negro: capa dominante, con variantes:
      • Negro azabache: brillante y aterciopelado.
      • Negro mulato: sin brillo, con reflejos pardos.
      • Negro zaíno: negro absoluto, sin manchas, la más frecuente.

    Pelo mezclado: combinaciones cromáticas

    En este grupo se incluyen los toros que presentan más de un tono, dando lugar a patrones atractivos tanto para ganaderos como para visitantes interesados en turismo rural taurino:

    • Berrendo: base blanca con grandes manchas negras, coloradas o castañas.
    • Cárdeno: mezcla de pelos blancos y negros que genera tonalidades grises.
    • Castaño: combinación de rojo y negro.
    • Chorreado: negro con listas castañas del lomo al vientre.
    • Entrepelado: cárdeno con poco blanco, casi negro a simple vista.
    • Lombardo: negro con lomo castaño.
    • Retinto: colorado con degradado de lomo claro a zona inferior oscura.
    • Salinero: mezcla blanca y colorada con efecto moteado.
    • Sardo: raro, mezcla irregular de blanco, rojo y negro.

    Pelo con manchas: patrones definidos

    Las capas con manchas presentan distribuciones específicas, muchas veces asociadas a características corporales y genéticas de cada encaste. Reconocerlas es clave para comprender la identidad de la ganadería:

    • Albardado: lomo más claro.
    • Bocinero: hocico negro con cuerpo de otro color.
    • Botinero: extremidades oscuras.
    • Bragado: mancha blanca en el vientre.
    • Burraco: manchas blancas en la parte inferior.
    • Calcetero: extremidades blancas.
    • Capirote: cabeza y tronco inicial de distinto color.
    • Careto: cara blanca, cabeza diferente.
    • Coliblanco: cola blanca, cuerpo oscuro.
    • Estornino: cárdeno o negro con motas blancas.
    • Estrellado: mancha negra redonda en la frente.
    • Gargantillo: mancha blanca alrededor del cuello.
    • Girón o Jirón: manchas grandes, irregulares.
    • Listón: franja longitudinal en el lomo.
    • Lucero: pequeño lunar blanco en la frente.
    • Meano: piel blanca en el extremo del pene.
    • Mosqueado: cárdeno con motas negras.
    • Nevado: cárdeno con manchas blancas irregulares.
    • Ojalado: cerco de color distinto alrededor de los ojos.
    • Ojinegro: ojos con cerco negro.
    • Ojo de perdiz: cerco rojizo.
    • Salpicado: manchas blancas irregulares.

    Comprender estos patrones permite, además, diferenciar ejemplares y estudiar la diferencia toro bravo y manso, algo imprescindible para la selección genética y la preservación de encastes históricos.

    El valor del pelaje en la ganadería y el turismo rural

    El pelaje no solo es un indicador estético, sino un reflejo del trabajo de selección de cada ganadería. Algunas prefieren negros zaínos y cárdenos, otras destacan por berrendos y colorados limpios. Observar estas capas en su entorno natural —las dehesas, fincas y campos abiertos— ofrece una experiencia única para aficionados y visitantes, consolidando el vínculo entre la ganadería brava y el turismo rural.

    La ubicación geográfica es determinante: fincas en terrenos ricos en pastos, agua y vegetación generan toros más equilibrados, resistentes y con capas más definidas. La naturaleza circundante influye tanto en la genética como en la conservación de los pelajes, haciendo que cada ganadería sea única y su identidad visual reconocible.

    Pelajes y patrimonio cultural

    Cada capa del toro bravo representa un legado histórico y cultural. Desde los negros azabaches hasta los complejos sardos o jaboneros, cada tonalidad refleja generaciones de cría, selección y cuidado del ganadero. Reconocer y apreciar estas capas en el campo es sumergirse en la esencia misma del toro de lidia, símbolo de fuerza, nobleza y tradición española.

    Así que, los pelajes de toros bravos son mucho más que un color: son la expresión tangible de la genética, del entorno y de la dedicación del ganadero. Entenderlos, observarlos y estudiarlos nos permite conectar con la historia viva de la tauromaquia, disfrutar de la naturaleza y valorar la riqueza del turismo rural vinculado a la ganadería.