La relación entre el edificio y su entorno determina la clasificación.
La clasificación de un establecimiento industrial no depende exclusivamente de la actividad que se desarrolla en su interior. La forma en que está construido el inmueble, su proximidad respecto a otras edificaciones y la manera en que ocupa el espacio son factores que determinan su configuración dentro del Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales.
Esta clasificación constituye uno de los primeros elementos que deben analizarse antes de concretar las condiciones técnicas aplicables. La configuración del establecimiento permite diferenciar situaciones en las que una actividad industrial comparte edificio con otros usos, ocupa una nave independiente, se desarrolla en un espacio exterior o se encuentra en determinadas condiciones respecto a las construcciones próximas.
El RSCIEI: Tipos de establecimiento industrial A, B, C, D y E permite identificar distintas situaciones constructivas y establecer las condiciones que corresponden a cada una. La clasificación contempla establecimientos integrados parcialmente en edificios con otros usos, edificios industriales próximos a otras construcciones, instalaciones aisladas y determinadas actividades desarrolladas en espacios abiertos.
La configuración tiene relevancia porque las condiciones de un establecimiento industrial no pueden analizarse únicamente a partir de su superficie o de la actividad desarrollada. La relación con las edificaciones cercanas modifica las circunstancias que deben considerarse en el diseño y en la aplicación de las medidas de protección contra incendios.
La configuración tipo A corresponde a establecimientos industriales que ocupan parcialmente un edificio en el que también existen otros establecimientos o usos diferentes. Puede tratarse, por ejemplo, de una actividad industrial instalada dentro de un inmueble que comparte espacios o estructura con oficinas, comercios u otras actividades.
Esta situación introduce una relación directa entre la zona industrial y las restantes áreas del inmueble. Por ello, la separación entre espacios, las características constructivas y la resistencia al fuego de los elementos que delimitan las diferentes zonas adquieren especial relevancia dentro del análisis técnico.
El tipo B se refiere a establecimientos que ocupan completamente un edificio con estructura portante y cerramiento independientes, pero que se encuentran adyacentes o a una distancia igual o inferior a tres metros de otro establecimiento.
Esta configuración es habitual en determinadas áreas industriales donde las naves se encuentran próximas entre sí. La distancia existente entre edificios se convierte así en un elemento determinante para establecer la clasificación y estudiar las condiciones constructivas que deben aplicarse.
Los elementos que separan edificios próximos pueden desempeñar una función esencial frente a la propagación del fuego. Por ello, sus características de resistencia y sectorización deben analizarse de acuerdo con las condiciones establecidas por la normativa correspondiente.
La configuración tipo C corresponde a establecimientos que ocupan completamente uno o varios edificios y mantienen una distancia superior a tres metros respecto al edificio más próximo de otros establecimientos.
La existencia de una separación libre alrededor del edificio modifica las condiciones respecto a una nave que se encuentra adosada o muy próxima a otra construcción. El espacio existente entre las edificaciones forma parte de los elementos que deben tenerse en cuenta al determinar la configuración.
Esta clasificación resulta frecuente en instalaciones industriales situadas en parcelas independientes y con espacio libre alrededor del edificio. La superficie disponible y la distribución de las diferentes áreas pueden influir posteriormente en la configuración de los sectores y en las soluciones técnicas aplicables.
La configuración tipo D se relaciona con establecimientos industriales que desarrollan su actividad en espacios abiertos. Se incluyen las instalaciones que ocupan superficies descubiertas y determinadas zonas que cuentan con cubiertas pero mantienen las condiciones de apertura lateral previstas por la regulación.
Este supuesto puede encontrarse en espacios destinados al almacenamiento exterior de materiales, determinadas instalaciones logísticas o actividades industriales que necesitan grandes superficies sin cerramiento completo.
La consideración como espacio abierto no significa que la superficie quede fuera del ámbito de las exigencias reglamentarias. La propia configuración del espacio y los materiales presentes deben analizarse conforme a las características establecidas para este tipo de establecimiento.
La referencia al tipo E requiere especial atención porque la clasificación de los establecimientos industriales ha experimentado modificaciones entre diferentes versiones de la normativa. Por ello, cualquier análisis debe realizarse tomando como referencia el texto reglamentario que resulte aplicable al establecimiento y a la fecha correspondiente.
Las instalaciones industriales situadas bajo rasante presentan unas características constructivas diferentes de las que se encuentran a nivel del terreno. La disposición de las plantas, los accesos y las condiciones de comunicación con el exterior forman parte de los aspectos técnicos que deben estudiarse en cada proyecto.
La clasificación comienza con el análisis de la relación entre el establecimiento y el edificio en el que se encuentra. Primero debe determinarse si la actividad ocupa todo el inmueble o solamente una parte. Cuando ocupa una parte del edificio, deben estudiarse las condiciones correspondientes a la configuración que establece el reglamento.
Si la actividad ocupa completamente un edificio, la distancia respecto a las construcciones próximas constituye otro elemento determinante. La existencia de edificios adyacentes o situados a una distancia igual o inferior a tres metros conduce a una clasificación diferente de la que corresponde a un edificio que mantiene una separación superior.
Cuando la actividad se desarrolla en un espacio abierto, deben comprobarse las características de la cubierta y de los cerramientos laterales para establecer si reúne las condiciones propias de una configuración exterior.
La configuración del establecimiento se relaciona con otros parámetros técnicos del RSCIEI, entre ellos el nivel de riesgo intrínseco, la superficie y las características constructivas. Estos elementos deben valorarse conjuntamente para determinar las condiciones aplicables.
La clasificación también puede repercutir en la sectorización, en las características de los elementos constructivos y en la dotación de determinadas instalaciones de protección contra incendios. Por ese motivo, identificar correctamente la configuración desde las primeras fases de un proyecto permite establecer posteriormente los requisitos que corresponden a cada zona.
Las instalaciones industriales no siempre responden a una única distribución constructiva. Una misma parcela puede incorporar edificios independientes, zonas adosadas y espacios exteriores destinados a distintas actividades.
En estos casos, el análisis debe considerar las características particulares de cada zona. La configuración constructiva puede variar dentro de una misma instalación y, por tanto, también pueden cambiar las condiciones técnicas que deben aplicarse a cada espacio.
La superficie, la proximidad entre edificios, la existencia de cerramientos y la relación con otras actividades son factores que deben quedar definidos antes de concretar las soluciones de protección contra incendios.
La clasificación de un establecimiento industrial exige observar su configuración física y relacionarla con los criterios establecidos por el reglamento. No basta con identificar que se trata de una nave, un almacén o una instalación industrial, ya que la disposición del inmueble respecto a otros edificios puede modificar su clasificación.
La correcta identificación de estos parámetros permite avanzar hacia el resto del análisis reglamentario con una base técnica definida. A partir de ahí, pueden determinarse las condiciones que correspondan en función del riesgo, la superficie, la sectorización y las características constructivas de cada establecimiento.
La configuración industrial, por tanto, constituye una pieza fundamental para interpretar las exigencias que corresponden a cada instalación y para adaptar el proyecto a las características concretas del inmueble.